Arte colectivo, Centro Pompidou y Palais de Tokyo

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La semana pasada, el 28 de marzo, el Centro Pompidou, abrió una exhibición tituladaChagall, Lissitzky, Malévitch: L’avant-Garde Russe à Vítebsk (1918-1922). La exhibición se enfoca en una escuela de arte revolucionaria, la Escuela de Arte de Vítebsk, y tres artistas cruciales para la elaboración de su nueva educación artística y creatividad colectiva: Marc Chagall, el fundador de la institución, y dos artistas que Chagall invita como profesores a la institución: El Lissitzky y Kazimir Malevich, creador del Suprematismo. Obras de los tres pintores, más otras de estudiantes y otros maestros de la escuela, están expuestas, mientras se explora el avant garde ruso, en especial la creación y desarrollo del Suprematismo y el grupo UNOVIS (Forjadores del nuevo arte, por sus siglas en ruso).

La muestra nos cuenta una historia, Chagall, como comisionado de las bellas artes de Vítebsk, funda una escuela, en busca del arte revolucionario. Invita a Lissitzky, y este último convence a Chagall de traer igualmente a Malevich como profesor, y el último, a su llegada en 1919, con gran carisma y modo de enseñanza, hace que los estudiantes se alineen con su corriente artística, el Suprematismo.

Malevich creó el Suprematismo (exaltando la supremacía del “sentimiento artístico puro”), una corriente de arte que abandona el realismo, que el pintor consideraba una distracción de la experiencia trascendental que el arte tenía que evocar, como respuesta a la búsqueda del nuevo orden después de la Revolución Rusa. Esta corriente exalta la abstracción geométrica, dándole independencia individual a las formas, y deslindándose por completo del objeto del mundo real. En Vítebsk, junto con otros maestros y estudiantes de la escuela formó UNOVIS, un grupo que buscaba forjar el Suprematismo en todos los aspectos vitales. Este grupo diseñaba posters, revistas, signos, y tarjetas; adhiriéndose al ideal comunista, todos los miembros compartían crédito y responsabilidad, firmando con un cuadrado negro. De esta manera el Suprematismo intervenía en todos los aspectos de la vida social y se deslindaba del individuo, así creando arte colectivo.

El desarrollo de la corriente se documenta en la exposición del Pompidou, pues muestra Prouns (Proyectos para la afirmación del nuevo arte) de Lissitzky -su toma personal del Suprematismo-, obras suprematistas de Malevich y decoraciones, instalaciones, pinturas y textos del grupo UNOVIS.  Con los Prouns, a través de figuras geométricas, y por primera vez volúmenes arquitectónicos en el plano suprematista, vemos la no objetividad, la fuerza imponente de los dos planos: el del fondo y el del objeto, y cómo estos llegan a representar espacialmente nuevas formas de vida, nuevas relaciones humanas, cambiantes en el progreso hacia una nueva sociedad socialista.


Proun 1
En las obras suprematistas de Malevich, se observa el ideal del arte puro, la búsqueda de lo eterno y el desapego a la realidad, se exhibe “Suprematismo del espíritu”, obra maestra en la que se ve uno de sus famosos cuadrado “crucificado”, y en el que Malevich pone de manifiesto la “religión del acto puro”, mediante el cual busca alcanzar el infinito.

Suprématisme de lesprit

Con los carteles, tarjetas, pintura de vagones, y propaganda se ejemplificaba el espectro social que el Suprematismo quería alcanzar. El movimiento fue una respuesta colectiva a la Rusia post revolucionaria, mediante la cual se quería deslindar del individuo, deslindar de lo material, para llegar a un arte puro, a un arte nuevo. Al igual que el Marxismo buscaba a la sociedad utópica, el Suprematismo buscaba el más puro arte.

Por otra parte, desde el 16 de Febrero, en el Palais de Tokyo, se exhibe un “laboratorio de investigación”:  L’un et l’autr (El uno y el otro) es la muestra, el proyecto colectivo creado por dos artistas franceses de diferentes generaciones: Kader Attia, nacido en 1970, y Jean-Jacques Lebel, 1936, que busca representar los grandes problemas de nuestra civilización.

La exhibición consiste en dos instalaciones, una de cada artista, más una selección de obras de diferentes artistas, y como contrapunto a las instalaciones, una serie de objetos coleccionados por ambos artistas a través de los años. Estos objetos transmiten diversos discursos, tanto de reparaciones a los temas tratados, como desvío de estos, según los artistas: “Estos objetos revelan nuestra humanidad”, y es en ellos donde la significación de la exposición converge.

La primera instalación: The culture of Fear: an invention of evil (2013) (La cultura del Miedo: la invención del mal), de Attia, plasma la obsesión occidental de categorizar, y yuxtapone las representaciones contemporáneas y coloniales del ser no-occidental, “el Salvaje”. Apunta a la génesis del miedo al otro, como constructo ideológico creado a través de los medios de comunicación. 

The culture of fear

La segunda instalación Soluble Poison. Scenes from the American occupation (Baghdad) (2013) (Veneno soluble. Escenas de la ocupación Americana), de Lebel, despliega una serie de fotografías públicas, tomadas en la prisión Abu Ghraib en Iraq por los torturadores mismos entre 2003 y 2005, de tortura, humillación y violación. Las exhibe de tal manera que confronta al espectador con ellas, lo obliga a mirarlas. Denuncia los crímenes del imperialismo, y nos hace navegar por el horror de la tortura.

Ambos artistas se fusionan en la elección de los objetos que complementan la exhibición, en los objetos que la completan, pues a través de bustos africanos, estatuillas de madera, armas primitivas, poemas, y de otras obras de diversos artistas, logran comunicar lo que a veces se pierde en la exposición tan vital de situaciones terribles, el deseo de redención. Colectivamente buscan reflexionar y hacer reflexionar al espectador sobre las grandes desilusiones de la civilización actual. 

L_un et l_autr

El proyecto es un acto de resistencia colectivo, la toma de una posición ética ante una sociedad ignominiosa y nihilista. Responde a los tiempos en los que vivimos, a la etapa de transición de poder, de regresión al nacionalismo, la extrema derecha, y el auge del racismo, todo junto con una sociedad cada vez más acostumbrada a la violencia y al sadismo; y lo hace de manera material, de manera clara, directa y trascendental, sin abstracción de conceptos. Es un intento colectivo de hacer al individuo reflexionar, los problemas son grupales, pero las soluciones pertenecen al actor individual.

De esta manera, en dos exhibiciones totalmente diferentes, de diferente temática artística y muy diferentes tiempos, expuestas al paralelamente en dos de los centros más importantes para el arte contemporáneo en París, encontramos confluencia en el arte colectivo como respuesta al contexto social. Por un lado, tenemos arte moderno, avant garde ruso -Suprematismo-, que reflejó perfectamente a sus tiempos, en respuesta a la Revolución Rusa. El Suprematismo, así como la revolución, se convirtió en el faro para aquellos buscando un nuevo orden, un “nuevo mundo cuyas cuestiones surgen desde dentro nuestro ser” según Lissitzky. Esta liberación del arte fue comparada a la liberación comunista de la clase trabajadora, ambas, ellos creían, progresaban hacia la perfección artística y social. De esta forma se arribó al arte puro, al arte completamente no-objetivo, no-material, la representación del universo sin objetos, la abstracción geométrica total. Por el otro, arte contemporáneo, arte actual, de dos franceses que buscan rebelarse en contra de la sociedad y su ignominia, su crueldad y su eterno retorno a la guerra. Por medio de objetos que evocan recuerdos, que evocan todo aquello que es imposible comunicar e instalaciones complementarias que critican los grandes problemas del mundo. Una colaboración colectiva que sirve como respuesta a un mundo cuyos ideales de perfección están en la perversión. De una manera opuesta a los Suprematistas, con arte material, basado en objetos, y enteramente cimentado en el mundo real, Lebel y Attia no representan un nuevo orden, si no la sed de destrucción del actual. Porque la sociedad ha perdido la esperanza, y la utopía está muy lejana.

Después de la Revolución Rusa, el arte, en respuesta al mundo que buscaba un nuevo orden, se volvió nihilista, un “sermón de la nada y de destrucción” según el crítico Alexandre Benois, que de alguna manera buscaba la pureza y el absoluto a través de la no-objetividad. Hoy en día, en cambio, , Lebel y Attia, fundan sus ideas artísticas en los objetos, los dejan comunicarte lo que han visto, y crean arte vital que responde a la sociedad destructiva, a la sociedad nihilista.  Un arte busca librarse de la humanidad, y el otro la quiere retener, encontrar. Y entonces vemos la decadencia del ser en los últimos 100 años, se ve el declive de ideales y la pérdida de esperanza, pero el propósito del arte permanece igual, la búsqueda por explicar, responder y plasmar de alguna manera la realidad que nos rodea.

Mariana Osorio


Exposiciones:

  • “L’Un et l’Autre.” 16 Feb- 13 May 2018. Palais de Tokyo, París.
  • “Chagall, Lissitzky, Malévitch: L’avant-garde Russe à Vitebsk (1918-1922).” 28 Mar-16 Jul 2018. Centre Pompidou, París.

Lista de referencias:

Figuras:

 

One thought on “Arte colectivo, Centro Pompidou y Palais de Tokyo”

  1. No habia visitado tu sitio web por un tiempo, porque me pareció que era pesado, pero los últimos posts son de buena calidad, así que supongo que voy a añadirte a mi lista de blogs cotidiana. Te lo mereces amigo. 🙂

    Saludos

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